RECOGIMIENTO, DOLOR Y BRONCA POLÍTICA EN LA ESCENA DEL TERROR EL DÍA DESPUÉS AL ATAQUE EN LA RAMBLA DE BARCELONA

“Es muy doloroso, todavía no puedo creer lo que pasó, pudo ser cualquiera de nosotros”, afirmó, conmocionado, Arnau Molla, un joven de 18 años que ayer se salvó de la masacre cometida por un presunto yihadista que embistió a una multitud con una camioneta en plena Rambla de Barcelona, zona que hoy intenta recuperar de a poco la normalidad.
La familia de Arnau es propietaria del puesto número 12 de la turística Rambla, donde desde hace años diariamente vende flores a vecinos y turistas que suben y bajan como hormigas por esta vía, considerada el corazón y uno de los principales símbolos de la vida cultural y social de la ciudad condal.
El día después del atentado, mientras recogía un expositor de flores golpeado por la camioneta del atacante, Arnau mostró a Télam las marcas que dejó el vehículo a su paso y afirmó, con impotencia: “Si piensas en la cantidad de gente que pasa por aquí cada día, y te enteras que una camioneta bajó entre la multitud atropellando gente, todavía te entran escalofríos”.
Según explicó el joven, gracias al golpe de la camioneta contra los expositores metálicos de su tienda, que quedaron doblados, “mucha gente se salvo, porque escuchó un estruendo y se apartó de La Rambla, sino hubiese sido peor”.
“Ahora toca mirar para adelante, porque La Rambla es un lugar muy importante para Barcelona y la gente no se puede dejar vencer por el miedo”, remarcó.
Pasaron menos de 24 horas desde el atentado, y en el kilómetro cero, en el punto de La Rambla donde frenó la camioneta utilizada por el atacante, los vecinos y turistas que se encuentran en la ciudad condal han comenzado a dejar velas, flores y mensajes como “No tendréis mi odio”.
Al inicio de La Rambla, en el primer puesto de revistas ubicado junto a la boca del metro trabaja Atilio Bonino, un argentino que vive en Barcelona desde hace un año y ayer presenció el ataque.
“Hay que seguir, el pasado es pasado, estas cosas lamentablemente pueden suceder en Europa, fue un shock pero tenemos que volver a trabajar sin miedo”, dijo Atilio.
De hecho, pocos metros más abajo, en otro puesto, trabaja Pablo, otro compatriota que resultó herido en el ataque y se encuentra ya en su casa “recuperándose”, tras haber quedado ayer tendido boca abajo en el suelo al ser arrollado por el atacante, según una imagen que publica el diario La Vanguardia.
“Hoy necesitamos estar tranquilos, recuperarnos, pensar, estamos cansados pero continuaremos trabajando”, expresó uno de los compañero de trabajo de Pablo, todavía muy afectado.
Las paradas de subterráneo de la zona siguen cerradas, pero está previsto que por la tarde reabran.
Los accesos a la centrica plaza Cataluña también están cerrados mientras al igual que se cortó el tránsito en las principales arterias de la zona, como la Vía Laietana.
No es un día cualquiera, el atentado es muy reciente, pero aún así muchos turistas y vecinos de Barcelona transitan sin miedo por La Rambla, entre fuertes medidas de seguridad.
“No se puede vivir con miedo, es muy grave y triste lo que pasó, pero si dejamos de hacer nuestra vida van a ganar los terroristas”, dijo a Télam Jeane Hernández, una californiana que se encontraba junto con su esposo delante del mercado de La Boquería, que permanece cerrado.
“Queríamos venir a Europa, a Barcelona para disfrutar de sus calles, de sus bares, cafés, de su vida y actividad cultural en las calles, algo que no tenemos en Estados Unidos, por eso estamos aquí, y no nos iremos”, añadió.
Lalit, un hombre de la India de 32 años, trabaja en una tienda de souvenirs y, si bien todavía está con miedo, cree que es importante mantener la calma, y continuar atendiendo a los turistas. “Espero que Barcelona se recupere muy rápido de esto, pero no será fácil”, señaló.
Si bien el sentimiento general de los barceloneses es de recogimiento y dolor, hay también personas que dieron rienda a sus emociones y no pudieron evitar que sus opciones políticas se mezclaran con sus sentimientos.
“Rajoy fuera de aquí, Independencia para Cataluña”, gritó un hombre catalán, enfadado, y con los brazos alzados, mientras otras personas lloraban y mostraban sus respetos a las víctimas en improvisado santuario que se está formando en La Rambla.
“Hoy no toca hablar de Rajoy, sino de la crueldad, de las libertades, de estar juntos frente a estas personas inhumanas que nos quieren hacer callar y cambiar nuestra forma de vida”, aseguró Catalina, una vecina barcelonesa, indignada con la escena, que hizo aflorar el sentimiento de enemistad política a raíz del conflicto secesionista de Cataluña, que con el ataque quedó en un segundo plano.

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